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  • Serendipia gestión cultural.

El lado oscuro del mercado del arte. Robos y falsificaciones.

Este mes hemos tenido novedades, gracias a un mafioso arrepentido, sobre el posible paradero de uno de los robos más sonados de la Historia del Arte: La Natividad con San Francisco y San Lorenzo de Caravaggio.


Para entrar en situación, esta obra fue arrancada de la capilla del Oratorio de San Lorenzo de Palermo en el otoño de 1969, una época convulsa para la mafia siciliana. Hubo diferentes teorías sobre el paradero de este Caravaggio, que había sido quemado, que se sacó del país a trocitos e incluso que se dio de comer a los cerdos, pero parece que ha estado en el poder de Gaetano Badalameni, un capo siciliano relacionado con el tráfico de heroína en EE.UU. y que ahora podría estar en Suiza. Actualmente, podemos encontrar en la capilla una fotografía que reproduce la obra sustraida. El origen de ésta se encuentra en la realizada anteriormente por Enzo Brai, pero el trabajo ha sido llevado a cabo por FACTUM arte, que reprodujo detalle a detalle, tras un gran estudio y arduo proceso de desarrollo, el cuadro de Caravaggio gracias a las últimas tecnologías y a un cuidado trabajo con la fotografía.


Las teorías de su destrucción desmontarían el móvil de la venta de la obra para el enriquecimiento personal, sin embargo, parece que el cuadro sigue vivo y este podría haber sido uno de los móviles del robo. El convertir la Historia del Arte en un mercado, el mercado del arte, han hecho que surjan figuras como la del falsificador, que busca (o ha buscado a lo largo de la historia), únicamente, ganar dinero.


Tanto los falsificadores como las falsificaciones existen desde el principio de la humanidad. Se conocían ya las falsificaciones de joyas realizadas en el antiguo Egipto y también los griegos tuvieron problemas al respecto. Del mismo modo, en el Imperio Romano era un delito muy frecuente la falsificación de obras de arte, motivo por el cual fueron los primeros en legislar sobre las falsificaciones.


En nuestros días, el negocio de la falsificación es el tercero más rentable del mundo, sólo por detrás del narcotráfico y del tráfico de armas. Muchas son las funciones que desde siempre ha tenido el arte en la sociedad, desde estética a conmemorativa o ideológica, pero con el tiempo se ha ido incrementando el prestigio que supone estar en posesión de una obra artística. Las obras han adquirido un valor de cambio y el arte se ha convertido en un producto más, con una función mercantil. De este modo, han surgido un gran número de intermediarios encargados de poner las obras en circulación y ha aumentado la distancia entre el artista y el público en general.


Falso Picasso pintado por Elmyr. Steve Martin pagó 850 mil dólares por una pieza atribuido al pintor expresionista Heinrich Campendonk que finalmente se atribuyeron a un grupo de alemanes, ya detenidos, que ganaron en torno a 15 millones de euros por sus falsificaciones.

Muchos serán los que intenten beneficiarse económicamente en este nuevo mercado y comenzarán a falsificar obras de arte. La obra falsa pasará a adquirir de este modo un valor de cambio totalmente inflado y comenzará a formar parte así del comercio internacional, que mueve millones de euros en todo el mundo.


Pero este tipo de delitos no se producen únicamente en el primer mundo, sino que también tienen lugar en el mundo subdesarrollado y además es una actividad que no ha dejado de crecer en los últimos años, considerándose un negocio en plena expansión debido al auge de los precios de las obras de arte desde la década de los 80 del siglo pasado (A pesar de que se ha detenido ligeramente debido a la crisis económica).